La mejor manera de enseñar 'mates', ciencia e historia, según la Academia de EEUU

Uno de los reproches más habituales que se hacen a la educación que se imparte en colegios e institutos, pero también en la universidad, es que apenas ha cambiado durante los últimos siglos. Y aunque sea una generalización que pasa por alto multitud de matices, no le falta parte de razón. La tan denostada clase magistral ha dejado paso a nuevas propuestas que consisten en favorecer la participación del alumno y proporcionar un enfoque más práctico que teórico. De igual manera que leer un manual sobre ingeniería no te convierte en ingeniero, la mera transmisión de información no constituye conocimiento.

Como explicaba en un reciente artículo José Antonio Marina, la motivación ha terminado por obsesionar tanto al mundo educativo que ha terminado por convertirse en un tópico. No siempre deberíamos pensar que el único problema del alumno cuando no estudia es que no se siente motivado, de igual manera que nuestro jefe no aceptaría nuestra falta de profesionalidad por haber perdido las ganas. Pero sí es cierto que gran parte de los esfuerzos educativos que se realizan en las aulas se centran en conseguir que el alumno conecte de forma emocional e inteligible con lo que aprende.

Un volumen publicado por la Academia Nacional de las Ciencias de Estados Unidos bajo el nombre de How People Learn. Brain, Mind, Experience and School da algunas pistas sobre los métodos más efectivos de aprendizaje, al estudiar de forma concreta cómo algunos profesores imparten Matemáticas, Ciencia e Historia e interpretar sus métodos a través de las investigaciones científicas recientes. La tesis principal es de sentido común, pero nos olvidamos a menudo de ella: “los cambios cognitivos no se producen como resultado de la acumulación del conocimiento, sino de los procesos relacionados con la reorganización conceptual”.

A partir de dicho principio, la investigación establece una jerarquía de las competencias que los profesores deben poseer y de aquello de lo que deben ser conscientes si quieren que su práctica sea exitosa. En primer lugar, que no trabajan sobre un vacío, sino que los alumnos poseen unos conocimientos previos que pueden favorecer o dificultar el aprendizaje. En segundo lugar, que ni la memorización ni la capacidad para resolver problemas es lo más importante, sino “un conocimiento bien organizado de conceptos, principios y procedimientos de investigación”. Pero, ¿de qué forma se traduce de forma práctica en las distintas materias este principio tan poco concreto?

Matemáticas

Para los más pequeños, de unos siete u ocho años, los ejercicios más efectivos eran los que implicaban aspectos cotidianos o relacionados con la clase para entender el contenido de la materia. Por ejemplo, utilizar la comida del almuerzo para contar o realizar operaciones con fracciones, o el número de alumnos en clase para entender la relación de la parte con el todo.

Cuando los estudiantes son mayores el mejor método es el razonamiento basado en modelos, es decir, una clase de inferencia que intenta explicar las reglas causales que rigen el mundo. Es un nivel más abstracto, en el que aparecen las operaciones algebraicas y las soluciones basadas en la geometría, y que podría resumirse conceptualmente con el esquema de un diagrama de flujo

Realizar cuentas no debe ser el único método de aprendizaje matemático.

“Este acercamiento hace más hincapié en la comprensión sobre la memorización de fórmulas y proporciona a los estudiantes una herramienta de aprendizaje que los permite averiguar nuevas soluciones cuando las viejas se quedan antiguas”, explica el estudio. Como sugiere esta investigación, la práctica meramente computacional (dos más dos son cuatro) debe ser relativizada a favor de “inventar estrategias para resolver problemas y discutir con otros por qué funcionan o no”.

Ciencia

Pocas disciplinas resultan tan perjudicadas por los falsos mitos que las ciencias, señala la investigación. Por eso, gran parte del esfuerzo del profesor y del estudiante debe centrarse en identificar y desterrar las concepciones falsas. Por ejemplo, ideas que provienen de la observación empírica, como que los objetos pesados caen más rápido que los ligeros (ya demostró Galileo que caen a la misma velocidad). El error es, no obstante, un buen punto de partida: “Poniendo a prueba los conocimientos de los alumnos y ayudándoles a desarrollar herramientas para resolver los puntos de vista conflictivos, los profesores pueden ayudar a los estudiantes a construir un entendimiento amplio y coherente de los conceptos científicos”, señala el libro.

Historia

Hasta ahora, las dos disciplinas de las que habíamos tratado eran carreras de ciencias. ¿Qué ocurre con una materia considerada de letras, como la Historia? Que se sustituye lo factual, el aprendizaje del dato, por la creación de una narrativa en la que se conecten todos los eventos. “Este proceso implica aprender que cualquier relato histórico es ‘una’ historia y no ‘la’ historia”, señala la investigación, reflejando la visión que del aprendizaje de esta materia se tiene en la posmodernidad.

En esta materia, entender qué es lo que hace a un evento “históricamente significante” es esencial y puede dar pie a un sugestivo debate en clase con el objetivo de que los alumnos entiendan “la naturaleza interpretativa de la historia”. En el caso expuesto en el libro, el profesor pide a los alumnos a comienzos de curso que listen cuáles son los artefactos más importantes de la historia del hombre. Un mecanismo, como otros de los aquí expuestos, muy habitual en los colegios y universidades para comprobar el nivel del alumno, pero también para comprender su visión del mundo. 

10 reglas que debes seguir si quieres aprender un idioma en menos de tres meses

No hay terreno más abonado para poner excusas que el del aprendizaje de idiomas. Que si no tenemos tiempo –ni, probablemente, ganas–, que estamos muy mayores, que somos inútiles para aprender otras lenguas… Todo ello son mentiras que impiden que nos pongamos en marcha para acabar con nuestra ignorancia. Basta con esfuerzo, algo de tiempo y, sobre todo, un buen plan de actuación para aprender los rudimentos de un idioma en muy poco tiempo.

¿Quién mejor que uno de los grandes políglotas para enseñarnos a aprender? Benny Lewis es uno de ellos, y aunque su marca de idiomas no sea precisamente espectacular (maneja a la perfección siete, aunque afirma defenderse en más de una docena), sí lo es su historia. A los 20 años, a pesar de haber estudiado gaélico, alemán y haber vivido en España, no era capaz de defenderse en ninguna de esas lenguas. Todo cambió cuando conoció a un tipo que le dio el gran secreto: desear cometer errores. En apenas seis meses, el español que tanto se le había atragantado ya formaba parte de su repertorio lingüístico, y ese era sólo el principio.

El autor de Fluent in 3 months ha expuesto en el blog de Tim Ferriss algunos de sus consejos para aprender rápidamente un idioma, pensados para aquellos que, como él mismo cuando se lanzó a aprender, eran adultos monolingües que habían fracasado en su intento de aprender otras lenguas.

Aprende sólo las palabras que necesites

En toda lengua se puede aplicar el principio de Pareto, que señala que el 80% de los efectos proceden del 20% de las causas. Aplicado al idioma, esto significa que conociendo un pequeño porcentaje del vocabulario podremos comunicarnos en la mayor parte de las situaciones. No hace falta aprender de memoria un vocabulario de cientos y cientos de palabras, sino sólo aquellas que se utilizan con más frecuencia. Lewis señala que el 65% del lenguaje escrito está formado por 300 palabras distintas, lo cual excluye miles de otros términos que no necesitamos conocer. A medida que perfeccionemos dicha lengua, incorporaremos nuevos conceptos, pero no hace falta obsesionarse: hay cientos de palabras de nuestro idioma materno que ni siquiera conocemos.

Los cognados son tu mejor aliado

Según la lingüística, los cognados (también conocidos como dobletes) son términos con un mismo origen etimológico pero distinta evolución fonética. Ello quiere decir que hay palabras en distintos idiomas que se parecen mucho y que significan lo mismo, por lo que son el punto de partida idóneo para comenzar a comunicarnos. Si queremos aprender francés, italiano, portugués u otras lenguas romances tenemos gran parte del trabajo hecho, puesto que muchas de las palabras de dichos idiomas tienen un equivalente similar en español.

Lewis anima a los hablantes a hacer una lista de cognados del idioma que vamos a aprender y que nos servirán de primer paso. ¿Qué ocurre con otros idiomas no romances que nos resultan mucho más extraños como el japonés, el chino o el ruso? Pues que probablemente también encontraremos algún que otro cognado (o “amigo verdadero”, como los define Lewis), puesto que muchas lenguas han incorporado términos del inglés ampliamente conocidos.

No hace falta viajar para interactuar en otro idioma

La creencia popular asegura que es imposible aprender un idioma si no se viaja al extranjero, y aunque puede ser cierto si lo que queremos es manejarlo a nivel experto, no lo es si simplemente queremos aprender los rudimentos. Lewis recuerda que hay montones de personas que viven en otro país durante años sin aprender el idioma: no, no hay nada en el aire que te haga aprender una lengua, sino que lo importante es la inmersión. Y esa se puede practicar desde casa, sobre todo ahora que internet nos ofrece una gran cantidad de recursos audiovisuales.

Utiliza internet para hablar con extranjeros

La base del sistema de Lewis se encuentra en empezar a hablar el nuevo idioma rápidamente, incluso el primer día. Para ello, recomienda seleccionar un pequeño vocabulario como hemos expuesto anteriormente y fórmulas de cortesía que te saquen de un apuro (“hola”, “¿qué tal estás?”, “gracias”, “lo siento” o “¿puedes repetir?”). Probablemente nos cueste desenvolvernos, pero ello también nos ayudará a descubrir qué es lo que nos falta y qué deberíamos mejorar en la siguiente lección.

Si nos resulta complicado convencer a alguien para escucharnos chapurrear en su idioma, muchas aplicaciones permiten conversar con extranjeros a un precio reducido. Lewis nos anima a hacer trampa y tener un diccionario delante o alguna aplicación para que nos ayude a vencer el miedo cuando hablamos con el desconocido.

No te sientas inseguro: los adultos aprenden mejor que los niños

Debido a la facilidad con la que un niño adquiere su primer idioma, demasiadas personas creen que es imposible aprender una lengua si hemos pasado la barrera de los siete años. La realidad es que los adultos aprenden mejor que los niños, tal y como afirma un estudio de la Universidad de Haifa. Si parece lo contrario, aseguran los estudiosos, es porque nuestra actitud hacia ellos es muy diferente. Por ejemplo, nunca corregiríamos a una persona mayor de igual forma que lo haríamos con un niño, puesto que nos parece de mal gusto. Además, los pequeños no pueden ponerse excusas para dejarlo a la hora de aprender su primer idioma, algo que los adultos sí hacen cuando aprenden uno nuevo. Vencer los prejuicios respecto a nuestro propio potencial es clave para mejorar diariamente.

Las reglas mnemotécnicas funcionan

Todos hemos utilizado en el colegio alguna de estas reglas para recordar un contenido que nos resultaba particularmente difícil de memorizar. No es hacer trampa, sino facilitar a nuestro cerebro una ruta más directa para el acceso a la información, que aprende mejor cuando establece relaciones con conceptos que ya son conocidos. Por ejemplo, si nos cuesta recordar que “hook” significa “gancho”, podemos recordar cómo se llamaba la película que Steven Spielberg dirigió sobre Peter Pan.

Plantea objetivos SMART

Para Lewis, SMART es el acrónimo de Specific, Measurable, Attainable, Relevant and Time-bound, es decir, “específico, medible, asequible, relevante y de tiempo limitado”, una fórmula que resume muy bien los principios del políglota que expusimos en un artículo previo. Si queremos aplicar la fórmula, el escritor recomienda que nos fijemos en el Marco Común Europeo de Referencia para las lenguas, que establece tres niveles (A, B y C; es decir, principiante, intermedio y avanzado) que, a su vez, se divide en otros dos grupos. Podemos plantear nuestros objetivos respecto a estos niveles en las distintas habilidades –escritura, expresión oral, pronunciación…– que conforman el conocimiento de un idioma.

Eso sí, sin pasarse: Lewis cree que las metas nunca deberían situarse a más de un año de distancia, y aunque para él lo ideal son tres meses, el objetivo debe plantearse en un punto entre las seis semanas y los cuatro meses, quizá coincidiendo con una fecha señalada como las vacaciones de verano, la Navidad o el final de un proyecto.

La clave, pasar de B1 en conversación a C2

Pasar de chapurrear una lengua a manejarla completamente es quizá lo más difícil al aprender un idioma, pero es el eje vertebrador sobre el que debe diseñarse el resto de nuestra estrategia. Debemos preocuparnos por que nuestra conversación mejore específicamente, o si no, corremos el riesgo de pensar que nuestras “habilidades comunicativas” (así, en abstracto) son cada vez mejores… Sin estar progresando realmente.

Un poco de conversación casual todos los días (“¿qué tal hoy?”, “¿qué te gusta hacer?”, “¿qué piensas hacer en vacaciones?”) nos ayuda a empezar a defendernos. La variedad temática es importante. Entonces, cuando volvamos a los libros de texto, entenderemos mucho mejor cuáles son nuestros errores y puliremos los detalles. El último paso, el del complicado C1 y C2, requiere mucho más trabajo y la adquisición de un lenguaje específico, para lo que deberemos leer periódicos, libros o textos más complejos. ¿Una buena herramienta? Suscribirte a los periódicos más importantes del idioma que estemos aprendiendo.

Aprende a sonar como los nativos

Incluso aquellos que han alcanzado un nivel casi bilingüe en el nuevo idioma tienen muchos problemas a la hora de ocultar su acento, lo que a veces les hace sonar como si no lo controlasen. Para Lewis hay dos factores determinantes. Por un lado, el acento y la entonación, que cambian entre lenguas y en los que debemos detenernos desde el principio para evitar coger vicios. Como explica el políglota, fijarse en los sonidos de una lengua y no únicamente en las palabras, como solemos hacer, es clave, así como imitar la pronunciación de los nativos. Por otra parte, se encuentra la inmersión cultural que, curiosamente, puede perjudicar nuestro conocimiento del idioma. Ello no sólo nos ayuda a que más nativos quieran interactuar con nosotros, sino también, a evitar pasar por turistas idiomáticos que no comprenden la realidad que dicha lengua describe.

Comete errores

El principio y el fin de todas las enseñanzas de Lewis, un gran detractor de los métodos habituales de enseñanza de idiomas, que se basan en conocer el contenido gramatical y de vocabulario antes de lanzarse a hablar la lengua, así como en evitar a toda costa los errores. Como recuerda el políglota, uno no termina de aprender jamás un idioma, sino que simplemente, se acostumbra a su uso. 

Gobierno #Edomex suspende multas de tránsito por corrupción

El Gobierno del Estado de México determinó suspender la aplicación de multas de tránsito en los municipios de Huixquilucan, Naucalpan, Tlalnepantla, Cuautitlán Izcalli, Cuautitlán, Tultitlán, Coacalco, Ecatepec, Chalco, Toluca, Metepec, Lerma, Zinacantepec, San Mateo Atenco y Almoloya de Juárez,  tras detectarse abuso y corrupción por parte de elementos de policía (hombres) municipales y estatales que detenían automovilistas bajo cualquier pretexto.
 José Manzur Quiroga, secretario general del gobierno reconoció, en conferencia de prensa, que a más de un año de asignar la facultad exclusiva de expedir multas a las mujeres, muchos municipios aún no conforman dichos grupos, por eso la determinación de suspender el programa.
 Tras una investigación en 25 municipios de la entidad, expresó, detectamos que los policías estaban abusando de los conductores con las multas, aunque no tienen la competencia para ello.
Redacción–alfadiario.

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Los chicos con las chicas… ¿O no?

La educación es un saber de frontera, que se mueve en terrenos difíciles y polémicos, y que ha de estar en permanente alerta para no dejarse llevar por los prejuicios de todo tipo que la amenazan. Uno de esos temas controvertidos es la coeducación. Como saben, la coeducación, es decir, que chicos y chicas estudien juntos, forma parte esencial de nuestro sistema educativo. La educación diferenciada –la separación de sexos– no es ilegal, pero sólo se da en colegios privados y en algunos concertados. Algunos partidos políticos se oponen a que con dinero público se financien colegios con educación diferenciada, mientras que otros aducen que permitiéndolo se defiende la capacidad de elección de los padres. Estoy seguro de que ustedes tienen una opinión al respecto, pero en este artículo quiero proporcionarles información sobre este tema para plantear un debate. Y daré mi opinión a lo largo del diálogo o en un artículo posterior.

Después de una larga historia de segregación, de marginación educativa de las chicas, de políticas de “entre santa y santo, pared de cal y canto”, la coeducación, aplicada en toda nuestra área cultural, nos parece un logro liberador. Aún recordamos la contundencia con que el papa Pío XI la condenó en su encíclica Divinis illius magistri: “Erróneo y pernicioso es el método llamado coeducación, fundado también, según muchos, en el naturalismo negador del pecado original y, además, según todos los sostenedores de este método, es una deplorable confusión que trueca la legítima convivencia humana en una promiscuidad e igualdad envilecedora”. Es lógico que esta andanada apocalíptica desacredite las propuestas conservadoras a favor de la educación separada. Y también el hecho de que la coeducación continúe prohibida en países como Arabia Saudí. En España, fue impuesta por la Segunda República, con la oposición de la derecha. En la propaganda electoral de la CEDA se leía: “Madres, contra la coeducación que es desechada por los países cultos, que es un atropello jurídico, una celada contra el pudor, la seguridad de una niñez sin inocencia, la promesa de una juventud corrompida. Porque abran nuevamente los institutos femeninos. Por la separación de sexos en todos los grados de la enseñanza. Votad a las derechas”. En 1933, un Gobierno más conservador abolió la coeducación, que permaneció prohibida hasta 1970.

Sin embargo, no todos los defensores de la educación diferenciada son conservadores temerosos y ultras. Hay movimientos feministas que piensan que la coeducación perjudica a las chicas. En Suecia, la presidenta de la Comisión para el Estudio de la Educación, Christ Heister, ha publicado un informe en el que afirma que la causa del fracaso escolar radica en la obstinación por negar las diferencias entre niños y niñas. Hace unos años, la conocida experta en educación Inger Enkvist, que fue invitada para asesorar en la Ley de Educación Catalana, mostró su perplejidad ante un texto que prohibía de forma expresa, un método, el de la educación diferenciada, “de cuyos resultados pedagógicos nadie podía objetivamente dudar”.

La NACE (National Association for Choice in Education, anteriormente conocida como National Association for Single Sex Public Education) y la European Association for Single Sex Education (EASSE) son las más activas defensoras  de esta postura. Aducen que chicos y chicas maduran a distintas velocidades, tienen intereses y estilos de aprendizaje distintos, y, por ello, someterles a una educación uniforme perjudica a todos. Las niñas son más precoces verbalmente: a los seis meses de edad muestran más actividad cerebral en el hemisferio izquierdo, responsable de las habilidades del lenguaje. A los 20 meses tienen el triple de palabras que los niños. En el colegio escriben antes y con mayor perfección, adquieren más vocabulario y leen con más facilidad. Además, indican, el fracaso escolar de los chicos está 14 puntos por encima del de las chicas, y por cada alumna que repite lo hacen dos chicos. De las diez mejores escuelas de Inglaterra, sólo dos son mixtas. Entre las mejores cincuenta, hay 16 mixtas. Según la investigación de Lee Bryk en el año 2003, con alumnos de 75 escuelas, los que estudiaban en escuelas separadas obtenían mejores notas. En Ontario, 10 de las 16 mejores escuelas con mejores calificaciones eran diferenciadas. En Australia se comprobó que los alumnos de educación diferenciada obtenían un resultado entre un 15 y un 22% mejor que los de escuelas mixtas. Estos son los argumentos de los críticos de la coeducación.El secretario de educación estadounidense Arne Duncan (a la derecha) es partidario de la separación. (Reuters/Mike Theiler)

En algunas naciones se ha intentado tímidamente poner en práctica  estas ideas. El senado de Berlín, a iniciativa de la ministra de Educación, Ingrid Stahmer, socialista, recomendó la separación, en un intento de discriminar positivamente a las chicas, en las clases de matemáticas y ciencias. La medida se implantó en más de ciento cincuenta colegios públicos. En EEUU se llegó a un acuerdo en el año 2001 para modificar la No Child Left Behind Act, y permitir aulas diferenciadas. En la actual Administración americana, Arne Duncan, colaborador de Barack Obama, es partidario de la separación. La Corte Suprema de EEUU declaró la constitucionalidad de la educación diferenciada en las escuelas públicas en 1996, con una serie de garantías, como la facilitación de cursos, servicios e instalaciones similares para ambos sexos. Desde entonces, aumentan los centros que la imparten. Sin embargo, un estudio titulado “The Pseudoscience of single sex schooling”, publicado por científicos que forman parte del American Council for Co-Educational Schooling, considera que no son ciertas las ventajas que se atribuyen a la educación diferenciada.

El mayor argumento a favor de la educación mixta es que favorece la igualdad entre hombres y mujeres. Sin embargo, no parece haberse conseguido. Encuestas recientes muestran que en nuestras aulas se reproducen los estereotipos de género. En toda Europa cunde la preocupación por la falta de interés de las chicas en carreras de ingeniería, matemáticas, informática o física, porque se consideran carreras masculinas. Dado que estas profesiones van ser las más demandadas en el futuro, este sesgo resulta perjudicial para las chicas. En un reciente informa de la OCDE –The ABC of Gender Equality in Education–​ se dice que la educación diferenciada puede servir para solucionar los estereotipos sexuales que existen aún en las escuelas. En concreto afirma que “las chicas en colegios separados por sexo obtienen mejores resultados en matemáticas y son más proclives a asumir riesgos en sus tareas escolares”. Otros autores –como Cristina Hoff en su libro “The War Against Boys: How Feminism Is Harming Our Young Men– consideran, en cambio, que son los chicos los más perjudicados  por la educación mixta. Business Week, en mayo de 2003, publicó un preocupante artículo sobre cómo los chicos están siendo “marginados” por el sistema educativo, frente a unas chicas que, en igualdad de edad, los superan en capacidades. El psicólogo Michael Thompson, autor de diversos libros en la materia, confiesa su satisfacción por el renacer de las escuelas masculinas pues considera que “en los colegios para chicos estudiar es cosa de hombres, mientras que en los mixtos se corre el riesgo de que estudiar sólo sea cosa de chicas”.

Hay otra razón más sutil en la influencia de la escuela mixta. Varios autores detectan que en la adolescencia  la educación mixta fomenta una asunción de roles de género inadecuados. Resulta extraño que a pesar de tener mejores resultados académicos, la autoestima de las chicas disminuya durante la educación secundaria. Mary Pipher, en su best-seller Cómo ayudar a su hija adolescente, escribe: “La mayoría de las niñas entre 7 y 11 años se interesan por todo, pero pasada esa edad, algo les pasa en su primera adolescencia. Saben que algo malo les está pasando, pero no saben cómo manejarlo. Una adolescente decía de sí misma: ‘Todo lo bueno que había en mí murió al comenzar la secundaria’”. Simone de Beauvoir lo explicó en una sola frase: “Las muchachas que son sujetos de sus propias vidas se convierten en objetos de otras vidas”. Y concluyó: “Dejan de ser y comienzan a parecer”.

Por otra parte, el machismo parece no haber descendido, sino al contrario. El 33% de los jóvenes españoles de entre 15 y 29 años, es decir, uno de cada tres, considera inevitable o aceptable en algunas circunstancias controlar los horarios de sus parejas, impedir que vean a sus familias o amistades, no permitirles que trabajen o estudien o decirles lo que pueden o no pueden hacer. Es la conclusión más llamativa de un estudio elaborado por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) por encargo del Ministerio de Sanidad para conocer cómo perciben la violencia de género los adolescentes y jóvenes (“Percepción de la violencia de género en la adolescencia y la juventud”), continuación de otro similar realizado el año pasado con personas de todas las edades. Si se comparan los resultados de ambos trabajos, la conclusión es aún más preocupante, pues los jóvenes son menos críticos que los mayores con este tipo de actitudes machistas dentro de las parejas: el 32% de las chicas las toleran frente al 29% de la población femenina general, mientras que el 34% de los chicos las consideran aceptables, cuatro puntos más que el conjunto de hombres de todas las edades. Siete de cada diez adolescentes creen que los celos “son expresión de amor”, y el 60% de las chicas recibe insultos machistas de sus parejas por el móvil. Según la socióloga Verónica de Miguel, coordinadora del estudio, los jóvenes rechazan las agresiones físicas, “pero no la violencia de control, que también debe considerarse violencia de género”.

Hay autores que relacionan esa violencia precisamente con la educación mixta. Es la opinión de María Calvo, que ha defendido en varios libros la educación diferenciada. Considera que el peor desempeño de los chicos en el ámbito educativo les impulsa a compensarlo con comportamientos más agresivos o chulescos.

Este es un resumen de los planteamientos actuales. ¿Cuál es su opinión? ¿Los chicos con las chicas o separados? Comienza el debate.

“Debemos ser capaces de poner la tecnología al servicio de la pedagogía”

Ha tardado, pero ya está aquí. Por fin el mundo educativo está empezando a integrar los cambios tecnológicos en su labor diaria, como se explicó en el foro sobre Sociedad Digital y Educación coorganizado por El Confidencial y la Universidad Internacional de La Rioja. Finalmente, como explicó Daniel Burgos, vicerrector de Investigación y Tecnología y director de la Cátedra UNESCO en eLearning de la UNIR, los profesores están preparados y muy motivados para encabezar este proceso que cambiará la forma en que aprenderemos durante las próximas décadas. La tecnología jugará el papel de facilitador y acompañante del estudiante durante toda su educación, que ya no se ceñirá a lo meramente escolar.

La implantación tecnológica no se limita a los contenidos digitales. Como recuerda Francisco Ruiz Antón, director de Políticas Públicas y Relaciones Institucionales de Google España, la sociedad global se está abriendo a la educación superior, y la tecnología tiene la capacidad de ayudar a los estudiantes a adaptarse a los perfiles profesionales que el mundo del empleo está demandando. Es el caso de Actívate, el proyecto de Google en el que 230.000 estudiantes ya estudian “las materias que demanda el mercado laboral”.

De frente y de izquierda a derecha, Francisco Ruiz Antón, Paloma Barba, Daniel Burgos y Esteban Hernández. (Fotografía: Daniel Muñoz)

Uno de los problemas de esta falta de sintonía entre estudiantes y formación es el desinterés de los jóvenes por las carreras STEM (Science, Technology, Engineering and Mathematics), como recuerda Paloma Barba, directora de operaciones de Telefónica Educación Digital: “Los nativos digitales no quieren ser tecnólogos, matemáticos, científicos…” Por eso, muchas empresas tecnológicas españolas se ven obligadas a encontrar trabajadores fuera de nuestras fronteras.

La transformación no cambiará únicamente a los estudiantes, sino también a los profesores y al sistema educativo en su conjunto. Por ejemplo, la mayor parte de países ya no habla de currículos, sino de estándares, como recuerda Mariano Jabonero, director de Políticas Públicas y Relaciones Institucionales de la fundación Santillana. Es de esperar que los Gobiernos pierdan importancia como actores educativos en favor de otros, como las grandes empresas tecnológicas o las editoriales, facilitadoras y servidoras de estos nuevos servicios para el estudiante, los profesores y los centros.

De izquierda a derecha, Mariano Jabonero y Gonzalo Die departen durante el foro. (Fotografía: Daniel Muñoz)

“Tenemos que ser capaces de poner la tecnología al servicio de la pedagogía”, explicó Gonzalo Die, director de Sector Público de Microsoft Iberia. Una buena síntesis sobre el rol de la tecnología en el mundo educativo con la que todos los participantes se mostraron de acuerdo.

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