El futuro del profesorado es digital: Telefónica y la UAM lanzan el título de 'Maestro Digital'

La implantación de las nuevas tecnologías en el aula requiere de expertos en la materia. Con esta premisa la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) y Fundación Telefónica han puesto en marcha el Título Propio ‘Maestro Digital’ para alumnos de la Facultad de Formación del Profesorado y Educación de la UAM que han empezado a cursar 314 alumnos de últimos cursos como parte de sus créditos de libre configuración. La especialización incluye la realización de prácticas digitales reales con alumnos de la Red de Centros de Prácticas de la Comunidad de Madrid.

Con el objetivo de que estos futuros docentes desarrollen las competencias digitales, combinarán formación presencial y online, aproximadamente 100 horas, con el diseño y puesta en práctica de un proyecto real en la Red de Centros Públicos de la Comunidad de Madrid, en los que pondrán a prueba sus conocimientos.

Con el objetivo de promover la innovación, el sentido crítico y la generación de redes digitales entre los que serán los maestros de las nuevas generaciones, los alumnos recibirán formación en 4 módulos: “El nuevo entorno digital. Ciudadanos y educación 2.0”, “Las nuevas herramientas digitales de trabajo en el aula”, “Metodologías 2.0 y sistemas de trabajo. Colaboración en la red y educación” y “Buenas prácticas, móviles, QR-codes, Redes Sociales y Realidad Aumentada”. Entre todos ellos destacan temas estrella como “Dispositivos móviles”, “Gamificación”, “Vídeo y animación digital” y “Realidad aumentada”.Un profesor imparte una clase a un grupo de alumnos (www.telefonica.com)

 

Los alumnos irán almacenando sus proyectos en un repositorio donde podrán compartir ideas, apoyar y votar los proyectos más interesantes entre todos los proyectos, de los cuáles se elegirán los mejores para su publicación. El curso está basado en el trabajo colaborativo en la elaboración de proyectos entre los futuros maestros digitales, que incluso participarán en la evaluación de los proyectos de sus propios compañeros.

 

El magnate de la educación que está detrás de la mejor profesora del mundo

El pasado 15 de marzo, Nancie Atwell se convirtió en la primera ganadora del Global Teacher Prize, una especie de Nobel de los profesores que se acompaña con una retribución de un millón de dólares, y que la maestra decidió donar a su colegio, en Maine. Atwell recibió el premio de manos de Bill Clinton y el jeque Mohammed bin Rashid Al Maktum, primer ministro de los Emiratos Árabes Unidos, y fue felicitada por videoconferencia por Bill Gates. Pero el verdadero promotor de la propuesta permaneció en un segundo plano, contento de haber dado un paso más hacia su objetivo de devolver a los profesores el reconocimiento que merecen.

Sunny Varkey, presidente de la Fundación que lleva su nombre, nació hijo de profesores en la India, en 1957. Ahora reside en Dubái, desde donde dirige GEMS Education, la mayor cadena de colegios privados del mundo, con 130 centros repartidos en 12 países. Una empresa que le ha permitido dedicar sus últimos años a la filantropía, premiando a los mejores profesores e intentando que la educación llegue a todos los rincones del planeta. Según Forbes, su patrimonio asciende a 2.100 millones de dólares y se encuentra en el puesto 949 de los más ricos del mundo.

Como explica un artículo publicado por la BBC, todo el mundo dijo a Varkey que premiar a un profesor era una mala idea, puesto que se trata de un entorno tan colectivo y gregario que celebrar la individualidad parece paradójico. Varkey le dio la vuelta al razonamiento y se preguntó por qué, si los medios de comunicación pasan el día aplaudiendo a actores, deportistas, empresarios y toda clase de celebridades, no iban a poder hacer lo mismo con trabajadores aún más importantes como son los docentes: “La de profesor debe ser la profesión más importante del mundo y merecen todo el respeto”.

De joven emprendedor a veterano filántropo

“En la India, los profesores eran tenidos en muy alta estima”, rememora el empresario. “A medida que me involucraba en el negocio de la educación y montaba más colegios, me di cuenta de que la imagen y el respeto por los profesores se encontraba en declive”. Una tesis muy cercana a la que han denunciado los propios maestros, como es el caso de la profesora Luisa Juanatey en su libro Qué pasó con la enseñanza. Elogio de la educación (Pasos Perdidos). “Tienes a todos esos profesores que han creado primeros ministros, presidentes y ministros y que no le importan a nadie”, se lamenta el multimillonario.

Ni siquiera el Foro Económico Mundial le da mucha importancia a la educación, desvela el hindú. “Nadie habla de profesores”. Por eso decidió ir contra la corriente y crear un galardón muy bien dotado para premiar el esfuerzo docente. Como explicaba en una entrevista concedida a Gulf Business, cuando un montón de gente habla de lo mismo en una misma habitación, se ha dado un paso de gigante. Y eso es lo que pretendía al crear el galardón, que los que mueven los hilos recordasen que existe una cosa llamada educación.

La fundación tiene el objetivo de conseguir que la educación de calidad llegue a todo el mundo, incluidos los países más pobres. En el África subsahariana, por ejemplo, se necesitarán más de cuatro millones de profesores de primaria y secundaria durante los próximos 15 años, según los cálculos de las Naciones Unidas. Entre algunos de los proyectos más exitosos de la organización se encuentra la formación de 12.000 profesores ugandeses. Según sus números, por cada uno de los estudiantes de GEMS pueden financiar la educación de otros cien estas zonas más desfavorecidas.

El Bill Gates de la educación

Ello no quiere decir que Varkey no tenga su lado oscuro. Por una parte, el artículo se hace eco de su célebre inaccesibilidad al recordar que es más fácil entrevistar a su embajador Bill Clinton que a él. Por otra, recuerda que su empresa funciona como cualquier otra, en busca del beneficio, por mucho que pretenda presentarse como una obra de amor. Ello le ha llevado a cerrar colegios que no resultaban rentables o a amenazar con hacerlo, algo que creó una gran polémica en el caso de la Escuela Westminster de Dubái, donde la matrícula anual es de unos 2.400 euros.

“Si no somos sostenibles como empresa, no podremos construir colegios para ayudar a los niños”, explica antes de compararse con Bill Gates: “Si no fuese un empresario exitoso, no podría llevar a cabo todo ese trabajo benéfico”. Además, recuerda, la fundación, que arrancó con un capital de 40 millones de dólares, no se financia con donaciones, sino con préstamos de bancos. Actualmente, GEMS abre unos nuevos 13 centros por año. Entre los países a conquistar se encuentran Qatar, Singapur y la India, así como la americana ciudad de Chicago. Varkey espera estar presente en 50 países distintos dentro de un lustro.

El emprendedor, no obstante, confía a ciegas en el papel de la educación para resolver la mayor parte de problemas del mundo: “Fíjate en la brecha entre pobres y ricos, la paz y el terrorismo, la desigualdad de género, la falta de habilidad, el desempleo”, concluye en la entrevista. “Todo está relacionado con la educación”. 

La música se queda sin volumen en los colegios

La música no está ni se la espera (aunque debería) en las aulas españolas. Tanto es así que este curso se quedó fuera de los currículos de Primaria como asignatura troncal (es decir, las obligatorias que decide el Estado: Lengua, Matemáticas, Ciencias y un idioma extranjero) y la formación musical se dejó al criterio de las comunidades autónomas, que decidían temario y horas semanales. Y el próximo curso habrá más (o menos, mejor dicho) porque la LOMCE llega a Secundaria con idéntico panorama.

El resultado más evidente es una educación musical desigual para los estudiantes según la región en la que vivan. Pero los efectos a largo plazo de tratar la música como una de esas asignaturas que “distraen”, como dijo el ministro de Educación y Cultura, José Ignacio Wert, y que casualmente no computan en las pruebas PISA, entronca con la generación del nuevo público y de la cantera de artistas.

“Cualquier normativa que aleje o no facilite el acceso de los menores a la música desde la edad más temprana lastra también su interés. Es difícil que tengan interés por algo que ni siquiera saben que existe”, afirma Diana Cortecero, codirectora de la promotora La Fonoteca, en relación al conjunto de enseñanzas artísticas tratadas tradicionalmente como marías. “Es un error percibir la música como una asignatura que distrae, en vez de una que complementa y facilita el entendimiento de otras asignatura y las refuerzan”.

Carlos Jean recordaba ayer junto a Diana Navarro y los alumnos de la Escuela de Música Creativa dentro del primer encuentro organizado en España por la Fundación Cultural Latin Grammy, cómo era esa maría en su época. “Era un rollo absoluto porque había muy poca práctica. No eran clases de música, eran clases de historia. Y creo que la música da muchas cosas como disciplina, capacidad de comprensión, empatía… y serías mejor matemático sabiendo música, o físico e incluso mejor persona, porque relaja la forma de entender la vida. Es una asignatura de las más importantes, y no lo digo porque sea músico sino porque estoy totalmente convencido”, afirmaba a El Confidencial poniendo como ejemplo el deporte, otra de esas grandes marías de antaño que hoy ha cobrado una importancia fundamental para la sociedad.

La pérdida de peso de la asignatura de música lleva siendo progresiva en el sistema educativo español a golpe de reformas legales. “En los años noventa, la LOGSE introdujo plástica, música y tecnología en todos los cursos de Secundaria –en 4º era opcional-, pero cada ley que ha venido ha supuesto un mordisco” hasta el “ninguneo” actual, explica Blanca Domínguez, presidenta de la Confederación de Asociaciones de Educación Musical (COAEM). El resultado este año, prosigue, no ha sido especialmente alarmante en Primaria dado el número menor de materias, pero para Secundaria, con los borradores autonómicos encima de la mesa, ya se aprencian desigualdades notables.

Carlos Jean y Diana Navarro, ayer

“Hay propuestas de comunidades autónomas absolutamente ruinosas para la música, como Murcia donde va a perder el 40% del horario. En Madrid va a perder una hora semanal”. Lo más preocupante, añade, es que “depende de las sensibilidades personales de los legisladores autonómicos”. “Está en su mano potenciar o mermar la asignatura y la educación musical no puede depender del arbitrio de quien está al frente de la Consejería de Educación de turno. Tiene que ser un derecho recogido por igual en todos los territorios del Estado y obligatorio, porque hablamos de una asignatura con múltiples beneficios. La música no puede estar abandona al arbitrio del legislador y a decisiones que se toman por modas o cuestiones políticas más que por criterios educativos”, garantiza.

De hecho, el Consejo Escolar del Estado ya recomendó al Gobierno la importancia de que la música sea obligatoria y el Consejo de Estado que, al menos, se asegure la misma oferta en todo el país. Recomendaciones que el Ministerio de Educación desoyó. Al igual que ejemplo de países como Suiza, que en 2012 voto por referéndum (con un aplastante 72,7% de votos) una modificación de la Constitución para reforzar la formación musical en la educación básica y declararla un derecho básico.

Pérdida de público y cantera

“Eliminar la música de las escuelas tienen un efecto negativo porque la música es lo primero que escuchamos desde el vientre materno. Con la música nos expresamos desde que tenemos uso de razón. Es un lenguaje universal y no se puede quitar algo que es bueno y beneficioso en todos los sentidos”, garantiza Diana Navarro defendiendo, a su vez, la necesidad de que la música tradicional y popular, nuestras raíces, también esté presente en la enseñanza.

Todo pasa porque la música tenga el peso en el currículo que merece y por actualizar su enseñanza. Jean se queja de un sistema educativo español “tan primitivo” y basado en la meritocracia que lastra las capacidades personales. “La enseñanza debe ser algo más grupal y colaborativo, con clases abiertas, notas por equipo y dejar de lado ese fomento de la competitividad. No tiene sentido”, opina.

Imagen de archivo de una clase de música (Efe)

En el mismo sentido, Cortecero añade que es necesario actualizar temarios y hacer clases prácticas y participativas, que tengan en cuenta la música que oyen los chicos y las nuevas tecnologías. “Hay que atraer su atención y debería ser de una forma mucho más lúdica, porque la música es divertida. Es más, me parece mucho más complicado hacer de la música algo rollo que enseñarla de forma natural”.

Para Navarro con otra clave es la pasión a la hora de enseñar música e intentar llegar a la gente joven con la música que escucha. Víctor Díaz es profesor de guitarra y combo de la Escuela de Música Creativa. Como ella, sufrió las clases de música teóricas y aburridas y la, muy recurrente para varias generaciones, flauta dulce. “Incluso a mí que me gusta la música me parecía aburrido”, garantiza.

Por eso, asegura, “lo primero y fundamental es que haya clases de música” en los centros educativos y favorecer la red de escuelas municipales de música y espacios como en el que trabaja, porque el efecto es inmediato: “los alumnos valoran menos la asignatura y la música en sí” como reflejo del tratamiento que le dan las administraciones.

Y lo más alarmante, agrega, es que “nos quedaremos con muchos músicos en potencia”. “Nos perdemos grandes músicos en el fondo porque las cualidades o aptitudes de las personas no las sabes hasta que rascas. Uno de los grandes problemas es que los jóvenes no saben qué quieren ser porque no se estimula su elemento. ¿A qué me quiero dedicar en la vida? No te lo pueden preguntar con 14 años. Tienes que ir poco a poco rascando”, dice Carlos Jean.

La cantante Diana Navarro

Pero además de torpedear esa cantera de futuros músicos, compositores, productores o arreglistas, la merma que conlleva la reducción de horas de música en escuelas e institutos también lo es de puestos docentes y de peso de la industria musical. “Nosotros formamos una sensibilidad y un patrimonio fundamental, además de a un futuro público. Estudiar música hace que los chicos la entiendan mejor, tengan un gusto más cultivado y sean más críticos con lo que escuchan. Y tampoco se valora la potencia del sector industrial artístico. Si no formamos a un consumidor de música, parte de nuestro sector lo va a notar”, cuenta Domínguez, que es profesora de música en Secundaria desde hace 16 años.

Pablo Ros, alumno de 4º del Grado Profesional de Músico (piano), cierra el debate con un rayo de esperanza. “El interés por tocar un instrumento se puede fomentar mucho desde la escuela, pero creo que es inevitable que los jóvenes se sientan atraídos por la música. El gusto por la música lo tiene todo el mundo. Nos gusta una banda y queremos imitarla y así empezamos a tocar instrumentos, con lo cual, aunque se deje de fomentar los estudios musicales en las escuelas básicas, creo que la pasión de los chicos por la música siempre va a estar ahí”.

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