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¿Eres español? Comprueba si eres capaz de reconocer estas 10 provincias

Excepto las Islas Canarias (que se dividieron en dos provincias en 1927), las fronteras de las provincias españolas han permanecido prácticamente inalterables desde 1833. Ese año Javier de Burgos, Secretario de Estado de Fomento bajo la regencia de María Cristina de Borbón, diseñó su trazado basándose en los límites de los antiguos reinos hispánicos. Ningún gobierno ha cambiado su distribución desde entonces.

En España hay un total de 50 provincias que, junto a las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla, configuran el grueso del territorio español –existen algunas posesiones minúsculas, como la famosa isla del Perejil, cuyo gobierno depende directamente de la administración central–.

Los niños españoles estudian la organización territorial del Estado a partir de primero de la ESO, esto es, con 12 años, que es cuando deberían poder identificar las provincias españolas en un mapa mudo. Esto, para cualquier adulto que esté familiarizado con el mapa de España, es relativamente sencillo, pero ¿qué ocurre si observamos la silueta de una provincia descontextualizada de su entorno? ¿Eres capaz de reconocer la silueta de estos diez territorios españoles?

Utilízalas con propiedad: las expresiones en latín que más empleamos en español

Nuestro idioma está plagado de palabras que proceden de otros idiomas, y cada vez es más frecuente que términos ingleses afloren en nuestras conversaciones diarias. Pero, como buena lengua romance que es el español, la mayor parte de las palabras que utilizamos han sido adaptadas del latín. Sin embargo, hay muchas expresiones que no han sufrido ningún cambio y que seguimos utilizando tal y como se emplearon hace siglos: son los latinismos crudos, que no se adecuan a la ortografía española.

Debido a que muchos de ellos se utilizan frecuentemente en los medios de comunicación o en conversaciones informales, por aquello de darse un poco de lustre cultural, no es tan raro que los empleemos de forma completamente equivocada. El libro Hic et nunc (Gedisa) de Toni Battlori, Pere Led y Josep Manuel Udina es una buena guía para adentrarnos en tan procelosas aguas. A continuación recogemos algunos de los términos más habituales para aclarar dudas e intentar evitar esos errores fatales. Aunque, claro, ya se sabe: quod natura non dat, Salmantica non praestat.

Alma máter

Literalmente, “madre nutricia”, aunque se utiliza para referirse de forma metafórica a una universidad y por ello, es un término de género femenino. Suele llevarnos a la confusión, ya que pensamos que equivale al alma castellana, que en realidad proviene del latín “anima”. Es una palabra que se emplea con mucha frecuencia en el inglés.

Annus horribilis

Pocas personas son tan mal pensadas como para traducir esta expresión por “ano horrible”, aunque nosotros lo hayamos hecho. Curiosamente, es una expresión más moderna que “annus mirabilis”, su antónimo. El diccionario de Oxford atribuye el origen de esta última expresión a un poema de John Dryden sobre el terrible año 1666, en el que dicho milagro era haber sobrevivido a todas las calamidades que se produjeron; este también reconoce que la primera vez que tiene constancia de “annus horribilis” es en 1992, cuando la Reina Isabel II lo utilizó para describir el 40 aniversario de su coronación.

Coitus interruptus

La popular “marcha atrás”, sólo que con un nombre más fino que funcionaba como un eufemismo. Curiosamente, suele utilizarse muchas veces para denotar frustración o interrupción, cuando en realidad se refiere al método anticonceptivo que consiste en eyacular fuera de la vagina.

Cunnilingus

Lo sentimos, pero es pura casualidad que aparezcan juntos en esta lista dos términos tan sexuales. Esta palabra proviene de juntar el latín “cunnus” (“vulva”, por no decir otra cosa) y “lingo, lingere” (“lamer”) y consiste en… Bueno, ya sabemos en qué consiste, ¿verdad? ¿Hace falta volver a explicarlo?

Exabrupto

En latín, la locución “ex abrupto” se escribía separada y, literalmente significa algo así como “desde la interrupción violenta”. Ha evolucionado al sustantivo “exabrupto”, es decir, “salida de tono, como dicho o ademán inconveniente e inesperado, manifestado con viveza”. No obstante, sigue pudiéndose utilizar la expresión “ex abrupto” como un adverbio; es lo que ocurre en una frase como “comenzó a insultarme ex abrupto”.

Ex aequo

Una locución latina que significa “por igual” (del latín “aequus, -a, -um”, “igual”) y que se emplea en las clasificaciones cuando varios participantes ocupan el mismo puesto. Nada de “ex-aequo” ni “exaequo”: se ha de escribir separado y sin guion. Muy semejante es la expresión “ex aequo et bono” que se utiliza en el ámbito judicial y que se traduce como “de acuerdo con lo correcto y lo bueno”, en referencia a la cualidad de los tribunales de tomar la decisión más equitativa.

Habeas corpus

Una expresión prácticamente intraducible que se utilizaba para referirse a la defensa de los derechos básicos del detenido. ¿De dónde proviene? De la expresión “habeas corpus ad subjiciendum”, algo así como “que tengas tu cuerpo presente para ser expuesto”. Tiene lógica: uno de los principios que se protegen es que el inculpado sea llevado físicamente ante el juez para poder ser escuchado y conocer la acusación.

Ictus

El infarto cerebral toma su nombre del latín para “golpe” o “ataque”. Pero no es la única aplicación que tiene dicha palabra en castellano: el ictus es también el acento de intensidad en un verso o en una frase melódica musical.

Motu proprio

Ni “motu propio”,  ni “de motu proprio” ni “de motu propio” (aunque en latín sí son válidos “e motu proprio” y “e proprio motu”): la versión correcta es “motu proprio”, con su “r” correspondiente. Significa “espontáneamente”, aunque también hace referencia al documento de la iglesia católica que emana directamente del papa y promulga una ley particular.

Mari Puri no... ¡Morituri!

Oremus

Sí, es ese mismo “oremos” que se suele escuchar en misa, sólo que en latín. La palabra ha terminado utilizándose casi exclusivamente en la expresión “perder el oremus”, que quiere decir “perder el control” o “desorientarse”. Aunque no se sabe con exactitud por qué se produjo tal transformación, puede deberse a que este “oremus” era pronunciado repetidamente para introducir la lectura de la Biblia, así que perder el oremus era algo parecido a perder el hilo de lo que se estaba contando.

Plus ultra

El lema de España impuesto por Carlos I de España como lema personal es una redundancia, ya que significaría algo así como “más de más allá”. ¿A qué se debe dicha confusión? Los autores de Hic et Nunc sugieren que puede deberse a una negación del giro “non plus ultra”, que se utilizaba para recordar que más allá del Estrecho de Gibraltar no había nada.

Quisque

Aunque “todo quisque” a nuestro oído suene a macarrismo propio de los años setenta, la realidad es que se trata de una locución latina que significa “cada uno”. Por eso, expresiones como “cada quisque” o “todo quisque” resultarían redundantes.

Rara avis

Pocas personas dudan que esta locución signifique “ave rara” y sirva para designar a alguien único en su especie. El problema surge cuando tenemos que ponerle delante un artículo: ¿es femenino o masculino? Según la RAE, se utiliza con más frecuencia en femenino, ya que las aves lo son, aunque se admite su empleo en masculino.

Spa

Muy pocas de esas personas que se pasan los fines de semana entre chorrito y chorrito conocen el verdadero origen de esta expresión, conformada por las siglas de “sanitas per acquam” (“salud por el agua”). ¿Y “jacuzzi”? Nada que ver: debe su nombre a los hermanos Jacuzzi, empresarios italianos que desarrollaron dicho equipo terapéutico a comienzos del pasado siglo.

Vademécum

Según la RAE, un “libro de poco volumen y fácil manejo para la consulta inmediata de nociones o informaciones fundamentales”. Hasta ahí, poco misterio. Quizá lo más interesante de este término es que proviene de la locución “vade mecum”, es decir, “ven conmigo”, que es el antónimo de “vade retro” (con o sin Satanás), es decir, “aléjate de mí”. 

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