El MIKTA, cuando el coro puede convertirse en estrella

Hasta ahora había sido fácil más o menos ignorar al MIKTA, un grupo compuesto por México, Indonesia, Corea del Sur, Turquía y Australia, como una imitación o una aspiración a llegar a ser tan espectacular como el grupo de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica). Pero ya no. Puede que ninguno de los MIKTA tenga el peso económico específico, o la población, de la mayoría de los miembros del BRICS. De hecho se autodefinen como un grupo de “potencias medias”.

Y tal vez tengan razón: mientras que de acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) cuatro países del BRICS se ubican entre las primeras 15 economías —China (2 o 1 según la estimación), India 7, Brasil 8, Rusia 15—; todas las economías del MIKTA están en el segundo escalón: Corea del Sur 11; Australia 12; México 13; Indonesia 16 y Turquía 17.

Y en términos de población China e India tienen por si solas y cuantimás en alianza un peso más que difícil de ignorar.

Juntos, sin embargo, los países del MIKTA son la tercera economía mundial y tienen 520 millones de habitantes.

Lo curioso del tema es que MIKTA, al menos hasta ahora, parece funcionar mejor. Sin presiones, sin grandilocuencia, sin expectativas exageradas o sin metas utópicas.

“No queremos ser vistos como bloque”, nos dijo el canciller sudcoreano Yun Byung-se.

No que las metas de los BRICS estén o hayan estado fuera de lugar. Ciertamente China, con sus excedentes monetarios, puede establecer —y lo hizo— un banco de desarrollo para rivalizar con el Banco Mundial o convertirse directamente en el nuevo prestamista de último recurso. China, Rusia e India son potencias militares reconocidas y establecidas.

Los intereses geopolíticos de cada una de las naciones parte de los BRICS los pone en confrontación con las actuales estructuras internacionales de poder. Pero algunos de los países miembros parecen por lo pronto enfrentar problemas que limitan sus capacidades de agregar al poder del grupo.

Los MIKTA en cambio parecen estar divirtiéndose. Son como un grupo de amigos que juega dominó cada semana. El compromiso es informal, pero se espera que todos lleguen; el propósito es jugar dominó, pero a veces puede haber información sobre otros temas, de libros y discos a empleos y referencias.

Y si alguno no llega no hay problema.

En otras palabras, no hay expectativas pero si la posibilidad de ganancias; no hay intereses creados, pero sí la comunidad de intereses a partir de la diversidad del grupo; la pertenencia al grupo no implica la exclusión de lo bilateral. Es un compromiso con el que no se tiene que cumplir, pero al que todos se sienten obligados a llegar.

Por lo pronto parece funcionar. Las potencias medias buscan hacerse oír y quizás la conciencia de que necesitan operar juntas les permite trabajar mejor que un grupo de “prima donnas”. Aunque siempre es posible que las “divas” superen sus problemas individuales.

Pero aun así, un buen coro puede ser más que la suma de sus miembros y convertirse en algo imponente.

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