¿Fin de época en 2015?

En 1997 se efectuó la primera elección constitucional intermedia que tuvo un profundo efecto sobre la correlación de fuerzas a nivel nacional, pues, evidentemente, abrió las puertas a la alternancia tres años después. Varios factores intervinieron para hacer que el resultado de esa elección pudiera definirse como un fin de época. El telón de fondo de los comicios fue la crisis económica del 94-95 que sacudió al país, junto con la pugna al interior del PRI entre Salinas y Zedillo. Por primera vez, el PRI perdió el control del Congreso, hecho que cambió las formas y fondo del quehacer de la política nacional. Hasta la fecha no lo ha recuperado. En el caso del PRD en la Ciudad de México, Cárdenas participó en la primera elección a jefe de Gobierno y logró, a nivel nacional, el segundo lugar en diputados federales para la izquierda, desplazando al PAN a tercer lugar, además de ganar la ciudad y la mayoría de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal.

El mismo día de la elección, Fox anunció su intención de competir por la Presidencia en 2000. Parecería que en 1997 Cárdenas le abrió las puertas a Fox para que éste ganara la Presidencia tres años después, comprobando que una elección intermedia sí puede crear condiciones que orienten resultados posteriores.  

Hoy el PRI tiene un Presidente de la República tan impresentable que lo tiene literalmente escondido y fuera de la contienda electoral, excepto para inaugurar obras, cortar listones y otorgar diplomas. En todo caso, opera en las sombras. El país se sacude con la violencia del crimen organizado y el enfriamiento de la economía. Prevalece un ambiente social de incertidumbre, desconfianza y de incredulidad (Peña dixit).

La izquierda está inmersa en su plebiscito entre PRD y Morena, dando la impresión de que le otorga mayor importancia a éste que a la elección constitucional. La Ciudad de México es su principal campo de batalla. Aquí el PRD se conduce con prácticas propias del viejo PRI, queriendo ganar como sea, incluso aunque sea a costa de la legitimidad. Compra a las casas encuestadoras, mismas que terminarán sin credibilidad, aunque con las alforjas llenas. Al parecer el PRD quiere imponerse incluso contra el ánimo de una porción importante de la población.

El PAN, por su lado, se encuentra más entretenido en sus pugnas internas que con las elecciones. Son esas pugnas las que determinarán sus probables derrotas en Nuevo León, Sonora, Michoacán. Odios internos mata inteligencia, lo cual hace que sea un partido poco confiable para la ciudadanía.

Para que esta elección represente un cambio de época, tendría que gestarse un cambio en la correlación de fuerzas a nivel nacional. Ciertamente, el PRI puede perder de 40 a 60 curules, habida cuenta los focos rojos en la elección: Guerrero, Jalisco, Tamaulipas, Michoacán, Nuevo León, Oaxaca, Veracruz, Estado de México y la Ciudad de México. El PRD puede perder la mitad de la Ciudad de México y el PAN puede perder gubernaturas importantes.

El debilitamiento de tres partidos (PRI, PAN, PRD) es un resultado previsible de este proceso. El surgimiento de Morena como tercera o cuarta fuerza será el cambio más significativo en la nueva correlación de fuerzas a nivel nacional.  La balcanización y fragmentación de los poderes públicos parece ser, desde ahora, un resultado de las elecciones. La elección perfila candidaturas presidenciales de las cuatro principales fuerzas para el 2018, junto con sus odios, traiciones e intereses.

                                                       ricardopascoe@hotmail.com

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