Gran apertura económica buscó inducir dinamismo

El paso definitorio de la apertura de nuestro sector externo ocurrió en 1986, con la integración de México al GATT (Acuerdo General de Aranceles y Comercio), misma que fue ensanchada  ocho años después con la creación, en 1994, del Tratado de Libre Comercio de Norteamérica (TLCAN), por los tres países de la región: Canadá, EU y México. La historia moderna del manejo del sector externo, “para mejorar la vida productiva del país”, tuvo sus detalles. Inicialmente el gobierno federal aplicó estrategias proteccionistas para obstaculizar que entraran productos industriales del exterior, y así promover el desarrollo de ese sector en México, satisfaciendo las necesidades con productos manufacturados —hechos o ensamblados—  en nuestro país. La idea fue importar el conocimiento, haciendo esos bienes aquí. Por ello, hubo múltiples convenios comerciales a partir de la década de los ochenta, para abrir la economía mexicana al flujo del comercio con el exterior. Firmamos tratados con los países europeos, latinoamericanos, con la comunidad de países asiáticos en el Pacífico, con China y con Japón.

Fue un gran cambio, ya que por años se rechazó la entrada de México al GATT, porque impedía la aplicación de instrumentos diversos de “protección”, modificando con ello el eje fundamental de la economía mexicana, por los efectos que le imprimiría la apertura, en sustitución de un sector externo “protegido a piedra y lodo”.

Esa había sido la estrategia iniciada durante la Segunda Guerra Mundial, aprovechando la “protección” que propiciaban los submarinos y barcos de guerra alemanes, que ratificaban el no acceso a los barcos nuestros, o de aliados, cargados de bienes industriales, manufacturados en otros países.

En México la industria automotriz jugó un papel preponderante en esta dinámica. Primero, porque la planta productiva norteamericana, en guerra, sólo producía bienes bélicos; de manera que se establecieron plantas aquí para producir llantas y otras autopartes, llegando hasta el ensamblaje de autos.

También jugaron un papel activo las empresas relacionadas con el autotransporte, prestando efectos notables por su función en el mercado, con altas tasas de crecimiento, dando vida a la calidad de la infraestructura carretera, uno de los factores más relevantes para el creciente desempeño del sector.

En los últimos años la red de carreteras fue uno de los factores,  incrementando casi 100 por ciento —desde los 212 mil kilómetros en 1980— la calidad de su estado físico, sobre todo desde que se dio la apertura comercial con Norteamérica.

Finalmente, con objeto de cambiar radicalmente la tendencia de crecimiento moderado del PIB, y lograr incrementos de cinco por ciento a finales del sexenio, el gobierno federal, conjuntamente con el Congreso de la Unión, aprobaron una serie de reformas transcendentales y propuestas históricas para que los sectores impulsaran el crecimiento.

Con una de ellas, la Reforma Financiera, se buscaba que la Banca de Desarrollo presentara las bases para el crecimiento del sector financiero, al darle el manejo del impulso del crédito más barato en rubros prioritarios. Así, a las instituciones de la Banca de Desarrollo se les otorgaría mayor libertad para maximizar los beneficios de los préstamos y el fomento del crédito.

 

                *Economista

                Twitter: @acanovelez

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