Para Ana Belén

La vida a veces tiene caminos difíciles de entender. De forma paradójica, en una larga escala en el aeropuerto Charles de Gaulle de París me entero de la muerte de John Nash premio Nobel de Economía 1994, por su teoría de los juegos no cooperativos que fue publicada en 1950, y que tardó 44 años en obtener reconocimiento por la discriminación  de la que fue objeto, debido a que padecía un problema mental severo. No me encuentro en Francia por un asunto trivial ni turístico. Viajé hasta Aix-en-Provence por la graduación de preparatoria de mi hija mayor Ana Belén. No puede significar más este logro para ella. Y para mí es un momento vibrante que me regala esta mocosa que la escuché llorar por primera vez, un 19 de enero de 1997 y, que ciertamente empezaba con esos sollozos, el eslabón de lágrimas que conlleva el crecimiento y el logro de metas. Para Ana Belén todo ha sido difícil, todo le ha costado trabajo, siempre ha tenido que trabajar el doble que sus compañeros. Siempre ha vivido en un mundo de fantasía que ella se ha empeñado en proteger de nosotros los estúpidos adultos. Siempre ha tenido ilusión, siempre ha creído en los mitos, las historias los personajes que de niños nos han alegrado y hecho más llevadera la vida. Y como regalo de 18 años el mundo le quiere regalar un golpe que entierre todo eso y que la convierta en adulto, amargado, sin ilusiones. El mundo quiere regalarle que le guste la fiesta y el alcohol, que le guste todo aquello que es convencional en una niña de su edad y qué carajo, ella se resiste con estoicismo. Eso no quiere decir que no cumplió con sus responsabilidades. Sus notas del IBS, sistema en el que estudió en Francia, son notables, recibió en la ceremonia el premio al mejor CAS, un requisito de trabajo social que se desarrolla como entrenamiento para la vida profesional. Después de tanto dolor y discriminación, después de muchas llamadas en donde las lágrimas brotaban con una rapidez infame, después de tantas preocupaciones y dudas de ella misma en su capacidad, recibió un diploma y un premio. No sin haber recorrido el tremendo camino del bullying, ocasionado principalmente por su tendencia a la fantasía, por su incapacidad de adaptarse a un mundo violentó y cruel que la rechaza por su propia naturaleza de bondad. No sin antes haber sido señalada por sus propios maestros de falta de entendimiento, a quienes hoy demuestra que esos señalamientos sólo demostraban la falta de preparación de los docentes. Hoy mi Belén termina dos prepas, una normal y la otra que cargó a cuestas, con el doble de esfuerzo, dedicación, tiempo y trabajo que cualquier otro niño. Yo sé que el mundo no es para los buenos, para los ingenuos y fantasiosos. Pero sí sé que el mundo ha sido transformado por locos geniales como Dalí, por buenos incorregibles como Gandhi, por incomprendidos escolares como Einstein, por discriminados como Nash. No aspiro a tanto con mi hija. Sólo aspiro a que siga siendo esa alma buena y pura que al final de toda la basura que no nos deja ver, ha tocado el corazón de su familia y de la gente que la conoce. Quizá no entiende bien de picardías, de albures, de amores y de fiestas, pero sí entiende de esfuerzo y de tesón, sí entiende de honradez y de entrega en todos los sentidos, sí entiende de querer incondicionalmente el bien de sus semejantes y de su propia familia. Estos locos fantasiosos son los que han cambiado el mundo, en este caso mi amor, cambiaste mi vida. Soy un padre orgulloso.

Escribiendo esto a la distancia, a la luz de la opinión de los franceses que que vivimos en el salvaje Oeste, me pregunto: ¿alguno de los políticos de nuestro país, tendrá un padre o madre orgulloso de lo que hace su hijo? De sus trapacerías, de su infinita codicia, de sus ganas de no perder el hueso porque es perder el ingreso. No sería como en el caso de mi hija la política un buen camino para que les cueste el doble de trabajo, esfuerzo y tesón. Para elegir a los mejores hombres y no a los más fatuos, o los más transas, o los más deleznables. Que han llegado al poder para mostrar su infinita incapacidad y lejos de revertir sus tonterías las hacen más profundas. Que pena que muchos son de familias del poder, de esas que se pasan el PRI, el PAN, el PRD y el PVEM como patrimonio personal. Que daño nos hacen, qué ciegos están, pero tengo la esperanza de que van a empezar a ver por un golpe de pueblo entre ceja, oreja y lo demás.

 

EN EL ESTRIBO. Marcelo, que te nos quedas sin candidatura. ¡Carajo! Rara costumbre de aplicar la ley, aunque sea una vez, será difícil que me la acostumbre, diría Don Gato cuando apostaba a Arabela. A ti ni un final de foto. ¡Lástima!

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