Se vuelve un rompecabezas la preinternación

Si los operadores mayoristas, es decir, los grandes comercializadores del turismo, pidieron, durante años, el mecanismo de “preinternación” hacia EU; fue toda una sorpresa lo que ocurrió la semana pasada en las instalaciones de la Secretaría de Turismo. Resulta que Carlos Joaquín, subsecretario de Innovación y Desarrollo Turístico, y Salvador Sánchez, de Planeación y Política Turística, convocaron a unos 40 funcionarios y ejecutivos vinculados al tema. Había representantes de la Canaero, que preside Fernando Flores; el titular del Instituto Nacional de Migración, Ardelio Vargas; y de los Grupos Aeroportuarios privados y del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México. Además funcionarios de las Secretarías de Salud, de Relaciones Exteriores y de Aduanas.

Uno de los primeros en tomar la palabra fue Vargas, quien, más o menos, dijo que luego de la exitosa reforma a la Ley Federal de Armas de Fuego y Explosivos que impulsó la Presidencia, ahora había que implementar este mismo año la preinternación.

Fue entonces cuando aparecieron una serie de retos que provocaron que la reunión se extendiera a tres horas y, además, dejara en los asistentes más dudas de las que llevaban al inicio del encuentro.

El más incisivo fue Fernando Bosque, director del Grupo Aeroportuario del Pacífico, quien llevó una presentación en donde dejó claro el tamaño del reto que implica la preinternación.

En términos sucintos dijo lo siguiente:

1.- Habría que crear una terminal específica para los turistas que utilicen la preinternación, que, para empezar, afectará los planes de inversión de los grupos aeroportuarios y, en muchos casos, tendrían que cumplirse condiciones de afluencia que haría esas inversiones poco rentables.

2.- No será posible crear una ventanilla para viajeros con preinternación que se mezclen con los otros, pues el gobierno de Estados Unidos exige que ésta sea un área “estéril” bajo su control directo.

3.- Operar la preinternación implicará un costo de entre 25 y 30 dólares por pasajero que deberá ser cargado al boleto, y que implicaría cambios al impuesto aeroportuario, lo que legalmente es difícil.

Después aparecieron las inquietudes de la Canaero, pues, para empezar, incrementar el precio de los boletos le restará competitividad a las aerolíneas y al mismo país, debido al encarecimiento de este medio de transporte.

Pero lo que más les preocupa es la idea de implementar este cambio en los hubs mexicanos; esto es de Cancún, a la Ciudad de México y Monterrey; y, muy particularmente, en el segundo, pues entorpecería la conectividad.

De hecho, un solo hub en el mundo tiene la preinternación —el aeropuerto de Dubái—, lo cual les ha creado problemas importantes.

Cuando las quejas crecieron, Vargas fue el primero en abandonar la reunión, no sin antes decir que todos estos temas se debieron haber revisado primero; además, dejó claro que la preinternación tiene que ser bilateral.

Así es que, ahora, la preinternación se volvió un rompecabezas de cinco mil piezas, que no será nada fácil armar.

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