Secretario viajero

Durante el último año el secretario del Trabajo, Alfonso Navarrete Prida, habría  viajado en aviones privados a Nueva Jersey, Miami, Orlando, Las Vegas, Nuevo Orleans y Houston utilizado su pasaporte como funcionario público, los cuales, no necesariamente, tienen que ver con eventos propios de la dependencia que le encomendó el presidente de la República, Enrique Peña Nieto. En algunos casos, los viajes han coincidido con eventos internacionales, pero se ha quedado más tiempo de la duración de los mismos. En octubre del año pasado, previo a su cumpleaños, utilizó un avión matrícula XA-CAR, correspondiente a un Cessna 680 Citation Sovereign serie 680-0050. De acuerdo con los registros, esa aeronave salió el 10 de octubre de 2014 de México a Nueva Jersey, y de ahí a Miami, para regresar el 12 de ese mismo mes. El viaje más reciente del que se tiene registro, en avión privado a Estados Unidos, lo habría hecho el funcionario en un avión matrícula XA-IBC, que es un Learjet 60. El viaje fue a Nueva Jersey, entre el 28 de marzo al 2 de abril.

En orden de la transparencia y la rendición de cuentas, será conveniente que Navarrete Prida explicara los viajes que realizó, también con los aviones matrículas XA-LEX, un BAe 125-800; XA-ONE, un Learjet 60; XA-ORO, XA-WIN, ambos Learjet 35A.

Para no generar equívocos, sería menester que explicara quién pagó la renta de esos aviones. Si fue en eventos oficiales ¿Tiene la Secretaría del Trabajo autorización para rentar este tipo de aeronaves? ¿Todos los que iban en los aparatos eran funcionarios de la dependencia? ¿Cuál fue el resultado de esas reuniones a favor de la productividad y competitividad de México?

Si los hubiera pagado de su bolsillo, también sería interesante la explicación. En su más reciente juicio de divorcio, el funcionario ofreció pagar una pensión de 35,000 pesos mensuales porque ya pagaba otra prensión por esa cantidad. Declaró que su único ingreso era como servidor público 205,122 pesos mensuales, es decir, 145,230 pesos mensuales netos.

Es común que los funcionarios públicos crean que hay dolo, mala fe o campañas en su contra, cuando no se está de acuerdo con su desempeño y toman cifras de cualquier lado para intentar justificarse. Supongo que él también está interesado en la rendición de cuentas para mover a México.

Para demostrar que el interés del autor de esta columna no es dañarlo, sería bueno que Navarrete Prida explique, con el detalle al que está obligado un servidor público, sobre los viajes que ha hecho, usando aviones privados, en el último año.

Aquí no se trata de sus aspiraciones de ser líder nacional del PRI o candidato a la Presidencia de la República. En ambos casos, son asuntos que, primero, debe resolver con la institución política en la que participa y, en el segundo, con los electores. Es una oportunidad para que ilustre a los desinformados sobre sus acciones como servidor público.

FICHA ROJA

Entre las instituciones de crédito ha comenzado a circular una suerte de ficha roja con el nombre de Eurisaces Ibarra Mercado, puesto que habría estado utilizando diversas líneas de crédito de, por lo menos, HSBC, Bancomer, Scotibank y Banamex para tejer un complejo esquema que, ya algunos, señalan como fraudulento.

Ibarra Mercado se presenta como un experto en inversiones dentro del sector minero y energético a través de la empresa Grupo Comercializador Productivo y algunas otras empresas.

Básicamente el esquema que está comenzando a explotar es el de una mina. Para que tal maniobra surta efecto, requiere de una importante cantidad de proveedores, a los cuales convence diciendo que tiene líneas de crédito abiertas con las principales instituciones de crédito del país.

Adicionalmente, utiliza un ostentoso medio de vida para tratar de convencer a los posibles proveedores de que, realmente, tiene medios, prácticamente ilimitados, y éxito en las explotaciones mineras que tiene.

Utiliza a los proveedores para pagar los mínimos a los bancos; y a quienes le dieron productos y servicios, simplemente, no les cumple por más de dos años, hasta que los proveedores se dan cuenta de que, del supuesto proyecto, no queda más que un cascarón. De acuerdo con diversas fuentes, hay quienes han tenido que conformarse con el pago del cinco por ciento del lo que originalmente les debe Ibarra Mercado.

En las oficinas jurídicas de algunos bancos, ya comienza a sentirse la misma preocupación entre aquellos proveedores que han trabajado con este hombre, y a quien, sin más, califican como peligroso.

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